jueves, 7 de agosto de 2008

El mercurio arrasa con los bosques


Miguel Gutiérrez R. Unidad de Investigación.


Diario La República. Lima.Perú.

El uso indiscriminado del mercurio para la explotación del oro, la ausencia completa del Estado en la zona de presencia minera, y por lo tanto la nula fiscalización y control, explican en gran parte por qué han sido depredados 150 mil hectáreas de bosques

Puerto Maldonado. Las autoridades gubernamentales están perfectamente enteradas de la desgracia de la región Madre de Dios y de Huepetuhe en particular.
"Los impactos ambientales generados por la actividad minera en la región son negativos por los efectos irreversibles en algunos casos que trae consigo la actividad minera", concluyó la funcionaria de la División de Asuntos Ambientales Mineros de la Dirección Regional de Energía Minas e Hidrocarburos, Natalia Pilar Díaz, al inspeccionar la zona devastada.
En su informe titulado Impactos ambientales de la minería aurífera aluvial en la región Madre de Dios, la ingeniera Díaz sostiene que la destrucción es inconmensurable como resultado de la labor desplegada por los mineros informales en las cuencas de los principales ríos de Madre de Dios. "El impacto negativo más alto se produce en la etapa de operación de explotación, debido a la depredación de los recursos naturales, especificamente los suelos y los bosques", refiere.
El reporte de la ingeniera Díaz señala que el daño es negativo igualmente durante la etapa de instalación de los centros mineros en las laderas adyacentes a los ríos.
MERCURIO ASESINO
En efecto, este diario observó en el eje vial Puerto Maldonado-Mazuko-Cuzco, innumerables campamentos mineros que se han instalado al borde del río Inambari. El cauce del río ha sido desviado de su ruta natural para instalar equipos y maquinaria pesada.
El informe señala que el uso de mercurio por parte de los mineros para amalgamar el oro, ha ocasionado un daño incalculable a los ríos de Madre de Dios, al punto que es un serio peligro para la población de la región.
"La contaminación por mercurio constituye la amenaza más seria al ecosistema", señala: "Los peces detrívoros y otros pequeños organismos que se alimentan de barro del fondo ingieren el mercurio y lo van acumulando en sus músculos y tejidos a lo largo de su vida". Es una forma de muerte lenta.
El estudio de Natalia Pilar Díaz consigna que el mercurio afecta especialmente la salud de los obreros y niños que trabajan en los campamentos mineros.
Sin embargo, como lo pudo comprobar La República, y como también lo indica el informe de la Dirección Regional de Energía y Minas, ninguna autoridad ha aplicado un análisis de la concentración de mercurio en los pobladores del área.
El informe precisa igualmente que los hidrocarburos usados por los mineros ha contribuido enormente a la contaminación del agua y suelos delos ríos Huepetue y Madre de Dios. Sin embargo, como en el caso del mercurio, no existe evaluación serias sobre la magnitud del daño causado por el hidrocarburo al ecosistema.
El unico estudio que existe es una evaluación ambiental efectuada por el Ministerio de Energía y Minas en 1997, en la boca del río Huepetuhe. En aquel entonces los resultados del análisis reportaban 2.12 y 2.0 miligramos de aceite y grasa por cada litro de agua, muy por encima del límite permisible de 0.2 mg establecido por la Ley General de Aguas.
"Todos los ríos del sur de Madre de Dios tienen un alto nivel de contaminaciónpor mercurio y combustible. Ciertos peces como la doncella que se encuentran en los ríos Inambari, Pukiri y Madre de Dios no son recomendables para la alimentación", confirmó a este periódico el presidente de la Comisión Ambiental Regional (CAR) de Madre de Dios, César Chia Dávila.
CONTAMINACIÓN TOTAL
El informe indica igualmente que los suelos no se han escapado al impacto negativo provocado por el uso inadecuado de hidrocarburos.
"En ningún caso se pudo observar prácticas adecuadas para el almacenamiento, transporte y manipulación de hidrocarburos. Por el contrario, eso se realiza de manera sumamente precaria y riesgosa tanto por vía fluvial y terrestre", explica.
Los mineros han quemado y talado árboles intensamente durante los últimos años , con el objetivo de preparar terreno para facilitar la extracción del oro. Consultores ambientalistas y forestales estiman que por lo menos 150 mil hectáreas de bosque han desaparecido bajo la acción depredadora de la actividad minera en la región.
Y la voracidad de las compañías auríferas se debe a la inexistencia o negligencia o complicidad de las autoridades: "No existíó presencia del Estado, la transferencia de funciones a la Dirección Regional de Energía, Minas e Hidrocarburos de Madre de Dios sólo transfirió funciones mas no presupuesto para control y fiscalización de las actividades de explotación ilícitas", de acuerdo con el estudio de Natalia Pilar Díaz.
"Huepetuhue era un río hermoso hasta hace unos ocho años, pero el mercurio que usan los mineros que buscan oro, lo han convertido en tierra muerta, en un camino polvorienta para el transporte pesado", dijo César Chía Dávila: "Dicen que la minería da trabajo el pueblo, pero el costo es demasiado alto".
DATOS
Piden actuar. El 10 de abril del 2008, el presidente de la Comisión ambiental Regional Madre de Dios, ingeniero César Chia Dávila, recomiendó al ministro de Energía y Minas, Juan Valdivia se declare en emergencia ambiental la explotación aurífera en Madre de Dios.
Solo promesas. El pasado dos de julio , el Ministerio de Energía y Minas respondió que incrementará su apoyo al gobierno regional en la erradicación progresiva de la minería informal para lo cual repontenciará su Oficina Desconcentrada ubicada en Puerto Maldonado. Pero todo indica que se trata de sólo un anuncio y de una política efectiva.

El negocio del oro mató a Huepetuhe









Miguel Gutiérrez R. Unidad de Investigación



Diario La República. Lima. Perú.




Cómo la explotación aurífera acabó con un pueblo amazónico. Donde antes había hermosos felinos, espesos bosques y aguas cristalinas, ahora hay oscuros gallinazos, animales muertos, arena negra y espesa. Eso es lo que dejó la actividad aurífera que mueve cada año US$ 250 millones pero a costa de la naturaleza y la vida.

Huepetuhe, Madre de Dios. Aquí la selva se muere de a pocos, carcomida por la contaminación de los explotadores de las minas de oro. Mientras el metal precioso es exportado al mercado norteamericano y engalana las orejas, cuellos y muñecas de la gente adinerada, aquí la extracción aurífera ha devastado irreversiblemente la naturaleza.
Huepetuhe significa "El río de los tigres", según la lengua de los nativos Harakmbut, pero ahora aquí no existe un río sino una playa desértica, a veces gris, otras negra, y por supuesto no habita ningún animal silvestre. Aquí la selva ha muerto. Huepetuhe es la tumba de la selva.
Desde el cielo, Huepetuhe es una herida abierta en medio de la Amazonía. Una herida que sigue creciendo debido al mercurio que los mineros formales e informales usan para capturar el oro. No les importa para nada el intenso color verde de la selva sino el brillo del codiciado, maldito metal amarillo. La explotación aurífera ha matado hasta el momento al menos 10 mil hectáreas de pura selva.
El distrito de Huepetuhe, en la provincia de Manú, región Madre de Dios, es considerada la zona del oro por excelencia. A diez horas de Puerto Maldonado, Huepetuhe recibe la llegada diaria de equipos pesados como cargadores frontales, volquetes y retroexcavadoras para dedicarse a la extracción. En la zona de Huepetuhe de 304 concesiones por lo menos 100 trabajan en la informalidad total. Muchos invaden terrenos que no les corresponden o son "invitados" por empresarios formales a trabajar en sus terrenos a cambio de un porcentaje del oro extraído.
Cada año decenas de niños, hombres y mujeres llegan de Cusco, Puno y Apurímac, principalmente, llegan hasta esta zona para trabajar en campamentos persuadidos por inescrupulosos mineros.
TIERRA NEGRA
La informalidad persiste en cuanto al cumplimiento de las normas de seguridad, higiene minera y ambientales. De 600 empresas mineras y comerciales en Huepetuhe, solo 37 pagan impuestos y tienen registrados formalmente a sus trabajadores. Aquí se ha instalado la dictadura del oro.
En su momento, el responsable de la comisión pastoral de Puerto Maldonado, el padre Xavier Arbex, lanzó una advertencia sobre el desastre: "Sentimos como un deber profético lanzar un gran grito de alarma: cualquiera que mira la imagen satelital de la parte suroriental del Perú se percatará de una inmensa herida blanca en medio de la cobertura verde de la selva", dijo: "Donde hace unos cuarenta años corrían aguas cristalinas por las quebradas de las nacientes de los grandes ríos Madre de Dios e Inambari, hoy día solo hay inmensas pampas de lodo y enormes taludes de cascado producidos por 550 máquinas pesadas más unos mil motores para ‘chupaderas’ (motobombas ) y unas 150 dragas".
De acuerdo con los datos del gobierno regional de Madre de Dios, el negocio del oro mueve más de 250 millones de dólares al año, cuatro veces más que los ingresos generados por la extracción forestal o la castaña. Pero los pueblos mineros como Huepetuhe siguen siendo tan pobres como hace 30 años.
Las viviendas de los pobladores son de madera cubiertas de calamina y están asentadas sobre pilares de madera para evitar el lodo negro y pestilente que arrastra el río.
"La precariedad de este pueblo y otros que viven del oro obedece a la lógica de 'estar de paso' que tienen los mineros, aun cuando en la realidad permanecen finalmente muchos años con la expectativa de tener un golpe de suerte y cambiar de oficio", señala un informe elaborado en el terreno por conservacionistas del Centro para la Sostenibilidad Ambiental (CSA).
Huepetuhe carece de servicio de recojo de basura, agua potable y desagüe. Los habitantes compran agua almacenada en pilones y defecan en la vía pública. Como indica un reporte de la Defensoría del Pueblo: "Las calles están permanentemente anegadas y emiten olores pestilentes a medida que aumenta la temperatura, la que llega hasta los 40 grados. Imperan las enfermedades y la presencia de insectos y ratas". Ese es el infierno creado por el oro.
SELVA QUEMADA
En el pueblo viven cinco mil familias pero los fines de semana la población aumenta a casi el doble cuando arriban los mineros y obreros de los campamentos situados en las quebradas de los ríos Caychiwe, Chancamayo y Huepetuhe.
Los campamentos de mineros son temporales y cuando se mudan a otro punto dejan tras de sí territorios desolados y desérticos. Los mineros realizan el proceso de extracción de oro en forma semiartesanal. Algunos colocan el mineral en acequias y utilizan palas y picos para acarrear hacia una canaleta de recuperación, mientras otros buscan oro entre los residuos de la minería mecanizada. En ambas modalidades los niños intervienen en el trabajo.
En ciertas zonas se usan cargadores frontales y volquetes para trasladar el mineral a una tolva ("chute") en la que es lavado con chorros de agua. Desde hace unos años "la fiebre de tener maquinaria" hizo que muchos mineros ingresen modernos aparatos traídos de Bolivia para la extracción del mineral. En esta fase los contratistas ya no emplean a niños y adolescentes.
Con la muerte de Huepetuhe, prácticamente desapareció la producción de café. Sin embargo, para las autoridades locales el oro es un negocio que no se puede perder porque es el principal generador de ingresos. El gobierno regional considera que hay grandes posibilidades de desarrollo sostenible de la minería aurífera.
Las fotografías aéreas de Huepetuhe son devastadoras, impactantes, sobrecogedoras: la zona parece la tumba de una parte de la selva amazónica, cuya lápida está cincelada con letras de oro y donde se lee: "Aquí hubo vida".
DATOS
no hay servicios. Los pueblos mineros como Huepetuhe cuentan con energía eléctrica únicamente durante cuatro horas diarias y solo existen antenas parabólicas y el servicio telefónico está restringido.
aislados. El transporte es escaso y muchos niños tienen que recorrer varias horas a pie para llegar a la escuelas y establecimientos de salud existentes en los poblados de Choque, Santa Inés y Huaypetuhe. Las pocas postas médicas están desabastecidas.
Donde impera el código delictivo1] Los efectivos policiales son insuficientes y las autoridades policiales y del Ministerio de Trabajo no ingresan en los campamentos de mayores riesgos, básicamente los situados entre los ríos Pukiri y Colorado. 2] Los índices de delincuencia y violencia callejera son altos en esta zona. Según la Fiscalía de Huepetuhe, los delitos más frecuentes son las violaciones sexuales a mujeres y menores de edad, violencia familiar y robo. Muchas adolescentes se prostituyen en los bares y cantinas que proliferan en la localidad.3] El “boom del oro” no solamente atrajo a gente pobre de otros departamentos sino también a personas que tienen un pasado delictivo. Pululan por la falta de autoridades.


Globalización y fracturas

EXPOSICIÓN comisariada por “Le Monde diplomatique en español”
Agosto 2008. Numero 154

Por IGNACIO RAMONET Y FERRAN MONTESA
El mundo ha cambiado. Los marcos de referencia ideológicos, las herramientas políticas y sociológicas que ayudaban a interpretar y explicar la evolución en la historia contemporánea, se han vuelto obsoletos en un escenario donde las reglas de juego son cada vez más ajenas a los actores tradicionales. Ningún rincón del mundo queda inmune ante los efectos de la globalización liberal, un paradigma engañoso que proyecta una falsa imagen de progreso y de modernidad sobre presupuestos insostenibles. Éstos, en realidad, representan una amenaza, no sólo por lo que comportan de abuso y depredación de los recursos naturales, sino por los quebrantos sociales que socavan el bienestar y la convivencia de los ciudadanos del planeta.

Esta exposición recorre y sintetiza los efectos de la globalización y las fracturas que está causando. Conocidas personalidades, de diversos orígenes y disciplinas, plantean y comparten sus reflexiones sobre el estado del mundo. Para ayudarnos a entender, aquí se dan cita Tahar Ben Jelloun, John Berger, Ernesto Cardenal, Ariel Dorfman, Boaventura de Sousa Santos, Eduardo Galeano, Susan George, Sami Naïr, Riccardo Petrella, Aminata Traoré, Jean Ziegler... Porque tomar conciencia del problema es el primer paso para participar en las acciones destinadas a orientar el cambio y restablecer el equilibrio entre las personas y la naturaleza, entre los pueblos y el planeta, entre la ciudadanía y sus legítimas aspiraciones a garantizar un futuro sostenible, sin comprometer el de las próximas generaciones.

Los movimientos demográficos dibujan una de las variables más evidentes del cambio apuntado. La sobreexplotación de los recursos agota y empobrece extensos territorios y desplaza constantes mareas humanas hacia áreas metropolitanas que derivan en conglomerados urbanos, a menudo con grandes bolsas de marginación donde no alcanzan los servicios del Estado. Deforestación, avance de la desertificación, privatizaciónes y gestión irresponsable de los recursos hídricos, pérdida de biodiversidad y cambio climático, son algunas de sus consecuencias.

Alentadas por una pésima distribución de la riqueza, la marginación y la pobreza no son un producto exclusivo del déficit educativo. También son fruto de enfermedades generadas por la nueva economía que hace más pobres a los pobres y más ricos a los poderosos. La globalización estimula el libre cambio comercial y exige el fin de las barreras aduaneras a los más desfavorecidos, pero mantiene férreos instrumentos proteccionistas para garantizar las rentas y beneficios de quienes predican el nuevo liberalismo. El desatino llega hasta el extremo de fomentar indirectamente las hambrunas para garantizar la producción de agrocombustibles en un planeta próximo a agotar sus fuentes de energía fósil. Y, junto a la locura en la búsqueda del beneficio, sea cual sea su coste sobre el medio ambiente y su entorno, surgen nuevas alertas sanitarias, cuando no viejos brotes de dolencias que parecían superadas, asociadas a la desigualdad social y a los efectos perversos del desarrollo. Los núcleos demográficos más débiles acusan con mayor intensidad y frecuencia los efectos del subdesarrollo y las llamadas catástrofes naturales. Es sólo cuestión de tiempo. La globalización alcanza a todos y, salvo que se altere el orden de prioridades, sus efectos más indeseables también se extenderán al mundo supuestamente más desarrollado. Y la fractura podría ser total.

Los llamados "Objetivos del Milenio", que Naciones Unidas planteó ante las urgencias del planeta y sus desigualdades, no acaban de ejecutarse al ritmo deseable. Los Estados desarrollados tienen en sus manos los recursos y la responsabilidad de ajustar su crecimiento, sin menoscabar la capacidad de los países más empobrecidos o comprometer las posibilidades de cuantos se hallan en vías de desarrollo. En este sentido, no todos los miembros de Naciones Unidas llevan el reloj sincronizado a la misma hora en generosidad y solidaridad.

El progreso es un juego de espejos que, a menudo, deforma la realidad. Países ricos en recursos naturales, con suelos fértiles o riquezas minerales y paisajísticas son víctimas de la explotación, a causa de los mecanismos que regulan el funcionamiento del mercado.

Así, el Producto Nacional Bruto compara la fortaleza económica de las naciones, pero también crea falsas percepciones sobre la riqueza de sus ciudadanos. Porque entre las variables que conforman sus indicadores, todavía no se incluye una factura ecológica que mida los recursos naturales consumidos hasta la fecha y los de futuras generaciones. Y porque, entre otros aspectos, el PNB de los países en vías de desarrollo no acostumbra a tomar en consideración variables como el autoconsumo, los trabajos solidarios y gran parte de la actividad informal.

En este juego de espejos que disfraza o enmascara desigualdades, hay que prestar atención a las disparidades del consumo. Las diferencias en el acceso a los bienes y servicios son especialmente acusadas entre los estratos más desfavorecidos. Una amplia franja de la población mundial, carece de acceso a determinados productos relativamente costosos. Las disparidades son asimismo relevantes al apreciar los contrastes entre unos continentes y otros.

La pobreza, sin embargo, hace tiempo que dejó de ser una exclusiva de los países más desestructurados y huérfanos del control de sus propios recursos. La globalización exacerba las discriminaciones también en los grandes núcleos urbanos, en las concentraciones metropolitanas, donde tras el espejo del desarrollo se ocultan importantes bolsas de marginación, de precariedad en el acceso a la sanidad y a la educación, con déficit de servicios públicos, agua potable y acceso a redes tecnológicas y de comunicación. Lejos de considerarse como un problema coyuntural, las cargas demográficas y corrientes migratorias tienden a agravar estas islas de pobreza que generan inestabilidad social e ilustran la peor cara de la globalización. Los esclavos del siglo XXI no son invisibles, pese a los intentos del sistema por ocultarlos. Por eso ha surgido, en el Norte y en el Sur, un movimiento solidario que conmueve las conciencias y clama que otro mundo es posible. Sin fracturas tecnológicas ni sociales. Porque, en caso contrario, no quedaría mundo que habitar.

Tomado de: http://www.monde-diplomatique.es/